GUILLERMO ARES/ De bicicletas y de cuarenta y nueve’s

GUILLERMO ARES/ De bicicletas y de cuarenta y nueve’s
  21/03/2017

 

Estos últimos doce meses tuve la oportunidad de sumar más de cien mil kilómetros al motor de mi coche, docenas de ciudades, pueblos y aldeas, miles de metros de asfalto, cientos de caminos de tierra o barro según lloviera o nevase.

            Pude observar de primer ojo la peligrosidad indiscutible de circular en bicicleta por las calles y carreteras con la impunidad que el ciclista cree tener.

            La incoherencia empieza cuando un ciclista circula junto a los automóviles y motos sin haber recibido la más mínima información sobre las normas de tráfico.

            Sigue cuando en las zonas de carreteras señalizadas con línea continua por un riesgo grave de accidente en caso de adelantamiento, si se trata de adelantar a un ciclista podemos invadir el carril contrario además separándonos obligatoriamente a un metro y medio del adelantado.

            He podido comprobar docenas de adelantamientos que casi terminan en tragedia porque parece ser que no se piensa que los conductores, con demasiada frecuencia no son amplios ni sensatos en el modo de cumplir las normas.

            Aunque la base del error está en la normativa que prohíbe pisar la línea continua y adelantar a no ser que el adelantado sea un pelotón de ciclistas que ocupan el mismo espacio de un autobús.

            Un auténtico disparate.

            Extendiendo el problema a los cochecitos de cuarenta y nueve centímetros cúbicos que, por carecer de potencia suficiente, no se necesita carné para conducirlos.

            Lo que parece que las lumbreras que dictan las normativas no saben es que conducir con poca potencia es mucho más difícil que conducir un coche de potencia media.

            En muchas ocasiones he padecido circular por carretera en cuesta arriba a velocidad muy reducida y en largas colas detrás de un “cuarenta y nueve” que, circula a la misma velocidad que un pelotón de ciclistas y ocupa un espacio similar a un coche normal de pequeñas dimensiones.

            Si alguien se lo explica, por favor que me lo explique.

            Lo terrible es que en ambos casos, circulan con total desconocimiento de las normas que, además, se las saltan con orgullo y prepotencia porque por una vez, aunque más no sea a causa de unas normas incoherentes, se sienten fuertes y protegidos.

            Se parecen a esos peatones que cruzan por sus pasos de cebra aspirando hondo, con mirada desafiante, por una vez, mandan en alguna parte.

            Finalmente, ciclistas, si desean preferencia en un paso de peatones, deben bajarse de la bici y cruzar la calle a pie con la bici a un lado, porque sólo así tendrán la condición de peatones.

            Lo dicen las normas.

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