Escritos de verano (X): de bolsitos

  29/09/2014

juan_bta_codina_bas

Cuando el lector lea estas líneas ya no estaremos en verano, aunque lo intitulo como de verano por el carácter intrascendente que damos a este periodo, más de dolce far niente que de trabajo concienzudo y en consecuencia el contenido de este artículo es más ligero.

¿Quién habría de decir a comienzos del siglo XX que el hombre llevaría bolsitos de mano para meter sus pertenencias? El bolso ha sido siempre prerrogativa de la mujer que incluye en él muchas cosas y que le buena educación impide que un hombre meta mano en el citado utensilio, ya que de otra forma la personalidad de la mujer aparece al descubierto, porque sabiendo todo lo que el bolso incluye, se retrata la mujer.

Me meto en wikipedia y aparece el término de mariconera. Un comentarista señala que al ser una prenda típicamente femenina, su uso por hombres expresó en sus inicios cierta ambigüedad, pero este nombre nunca fue utilizado de forma despectiva. En México lo utilizan –dice otro comentarista- los hombres que no son homosexuales para llevar pequeños documentos, tarjetas, dinero, etc.

Hoy el bolso se ha hecho imprescindible porque hay que llevar muchas cosas y si antes se utilizaban los bolsillos de los pantalones, hoy hay cierta resistencia a usar los bolsillos por cuanto lo que se lleva abulta en el pantalón y hace que la figura del varón se deforme por los citados bultos. Otra cuestión afín es que antes se utilizaba la chaqueta con mayor frecuencia y en ella podía meterse la petaca del tabaco, las gafas y su funda, el monedero, la cartera con el carnet de identificación, el pañuelo de tela, etc., pero hoy necesitamos de un receptáculo para incluir todas estas cosas.

Si el bolso se coloca en la cintura recibe el nombre en España de riñonera y si el bolso es un poco más grande, pero colgado en bandolera, también se le da el nombre de lesbiana.

Hoy los bolsitos tienen múltiples receptáculos o departamentos de forma que cuando quieres buscar algo y no sabes en que departamento se encuentra, no es fácil la tarea. Cuando mi teléfono móvil suena en el bolso y voy conduciendo, mi mujer lo busca, pero cuando al final lo encuentra, ya ha terminado de sonar. A veces, ni lo encuentra.

Hice una visita a una oficina del ministerio de Justicia y pasé por el arco. El guardia que lo controlaba, me dice: abra el bolso. Lo abro y me sigue diciendo, ábralo con carácter más intimidatorio. Ya lo he abierto y me contesta: tiene un departamento que aun no lo ha abierto. No lo había descubierto hasta ese día.

Otro bolsito que tuve tenía un cierre imantado. Metí en un viaje la tarjeta que dan en el hotel para abrir la puerta de la habitación. Pues bien, el imán parece que anuló la cinta magnética de la tarjeta y tuve que pedir otra o que la magnetizaran de nuevo. Desde entonces ese bolsito no lo utilizo.

Hoy en mi bolso hay una libreta pequeña para tomar notas, uno o dos bolígrafos, la cartera con los múltiples carnets de tengo como el de identidad, el de conducir, los de algunas de las sociedades a las que pertenezco, el del autobús, la tarjeta dorada para utilizar los trenes, etc., etc. El teléfono móvil, una máquina de fotos, las gafas de cerca y de lejos, las de media distancia (para utilizar en el ordenador), las de sol... con sus respectivas fundas, algún 'pen', pañuelitos de papel... Y no tengo wasap, ni ipod ni ipad... porque entonces sería el acabose y tendría que llevar alforjas.

¡Qué haría sin mi bolsito!

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