Escritos de verano (XI): los abanicos

  06/10/2014

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Ya hemos escritos sobre las gorras, los sombreros y los bolsitos; me queda escribir sobre los abanicos y cuando yo utilice bastones, escribiré sobre los mismos, pero de momento me abstengo de hablar de este artilugio que facilita la locomoción a todos los mayores que lo necesiten, dándoles seguridad al caminar y firmeza en sus andares.

Hoy hablaré de los abanicos de los hombres. ¿Dónde guardarlos? En los bolsitos, pero si ya no cabe más. La verdad es que nuestra sociedad está creando unas costumbres que lo que hacen es cargar a la persona de artilugios. Solo faltaba que se generalizara el uso del abanico, lo que no está mal, siendo el productor de energía más barato y con el que nos sentimos felices.

La verdad es que el abanico casi no se utiliza por los hombres en la actualidad y en España. En la antigua China los mandarines los utilizaban y los llevaban dentro de una funda que colgaba del cinturón. En Cuba, los hacendados lo guardaban en la caña de las botas.

Se dice que la mujer lo utiliza como arma de seducción, pero el hombre lo hace por ser práctico y funcional. El hombre que pretendía ser conquistador debía aprender el lenguaje del abanico, porque de esta forma obtenía unas pistas sobre la disponibilidad de la dama y su estado de ánimo. Por ejemplo el abanico abierto sostenido por las dos manos juntas de la mujer era un deseo de que la olvidara o la dama que giraba el abanico con la mano derecha estaba diciendo que amaba a otro. El abanicarse lentamente lo hacían las mujeres casadas y si lo era con velocidad estaba indicando que ya estaba pedida.Si dejaba caer el abanico, estaba indicando al amigo: 'te pertenezco' o si lo llevaba en la mano izquierda significaba que deseaba conocerlo.

El abanico como arma de seducción le hace decir a un escritor inglés del siglo XVI, Joseph Addison: 'Los hombres tienen las espadas, las mujeres el abanico, y el abanico es, probablemente, un arma igual de eficaz'.

Pero el hombre aun no lo utiliza en su vivir cotidiano y eso que sufre el calor igual que la mujer.

Lo elegante en el varón es abanicarse con el índice y el pulgar sin hacer aspavientos, como las mujeres. Y una anécdota al respecto. Cuando en Gata de Gorgos tiene lugar la noche de la revetl.la (5 de agosto y sale el Cristo por la puerta de la iglesia para escuchar el concierto de la banda de música) los oyentes pueden abanicarse con un abanico de los del tipo 'paipái' en el que están impreso el programa del concierto. Una buena idea que en Xàbia se ha repetido en algún concierto en la iglesia de Nuestra Señora de Loreto.

El abanico de hombres tiene unas características propias: es más ligero y de medidas inferiores a lo habitual y esto para poder guardarse en los bolsillos. También los colores han de ser más sobrios o neutros. En nuestro Congreso de Diputados ya se observan algunas señorías que utilizan el abanico, aunque no es muy frecuente aún. Porque los diputados en su quehacer cotidiano también tienen calor y más cuando suelen acudir con chaqueta. Hubo una sesión en que un diputado pidió la venia y preguntó al presidente de la Cámara: - ¿Podemos quitarnos las chaquetas? A lo que el presidente contestó con un alarde de generosidad: - Si, señorías, pero cada uno la suya. En aquel momento no tenían abanicos.

Imaginad por un momento que en el Congreso de los Diputados, los parlamentarios utilizasen abanicos y con un lenguaje ad hoc hicieran sus debates. Si hoy, la colocación en la izquierda o derecha del arco parlamentario manifiesta la postura ideológica, pensad si utilizando el color de los abanicos se distinguiesen. Los amarillos, los verdes, los violetas, los rojos.... Darían color a la sala del congreso.

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