La fugacidad de los comercios

  03/11/2014

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Al hilo del libro que presenté la semana pasada en estas páginas relativo a los 25 años del Estudio de Danza de Salomé Rodríguez, me he preguntado: ¿Cuántos comercios resisten el paso del tiempo y cuál es el de más longevidad en la villa de Jávea?

En mi libro La administración municipal en el siglo XVIII. (Xàbia 1760-1795) enumeraba las tiendas que tanto dentro de la villa amurallada como fuera de las murallas hubo tras arrendarlas a la Junta de propios y arbitrios. Los hechos de la guerra de la Independencia acaecidos en agosto de 1812, nos hablan de la heroína javeana que lucho contra los franceses en el horno del carrer Estretcuando esta mujer se había quedado en la villa para abastecer las necesidades de la villa. En el mes de agosto de este año, en la farmacia de Isabel Garcés, en Duanes de la Mar, Bartolomé Bas expuso durante unas semanas parte de su colección de productos farmacéuticos que harían las delicias a cualquier coleccionista de antigüedades y donde se podían ver y gozar en el recuerdo de aquellas cosas que formaron parte de nuestra infancia como Okal, el linimento Sloan, etc., etc. Esperanza Salvatierra escribió un libro sobre gastronomía javiense en el que aparece un plano de la villa con la situación de todas las panaderías que existían en la villa.

La historia de un pueblo se escribe cuando se tienen en cuenta muchas historias. En los años 50 y 60 sólo había dos farmacias: la que llevaba Francisco Salvador y la de Juan Tena. Hoy, una es La Rebotica, un establecimiento para degustar tapas y demás y la otra es la Ca Lambert donde se realizan exposiciones de arte y actividades de índole cultural.

Estamos en un momento de crisis donde parece que se ha creado la idea de la fugacidad de las cosas. Las tiendas, los comercios, los establecimientos para servir al pueblo cambian y ninguno o muy pocos permanecen. Los negocios y los lugares 'entrañables' a donde se acudía para encontrar calidad de servicio, don de gentes en los que te recibían, familiaridad y el sentirte como de la casa sabiendo que no te iban a engañar van desapareciendo o han desaparecido. Esa cara alegre con la que Blay el del Sindicato te recibía y hasta te dedicaba un pareado o un ripio, o la entrañable de La Calavera donde los niños encontraban cariño y también lo que hoy llaman chucherías... Las casas de Benavent (hoy existe) o la de Ambrosio... son caras entrañables de un medio que fue rural y que hoy, por el planteamiento del turismo, el progreso social y la crisis han desaparecido.

Creo que en Xàbia habría que enaltecer a esos comercios que han visto como el paso del tiempo no les ha hecho mella y resisten a la crisis. Habría que establecer un pequeño homenaje anual a aquellos que han resistido y siguen en la brecha. Claro que para ello habría que hacer un estudio de la antigüedad de cada uno de los comercios para tener el rango de los mismos. En esa relación habría que incluir servicios, gestorías, talleres, pequeñas o grandes industrias. Sería además un aliciente para los mismos y un reconocimiento a su labor de carácter social porque en este servicio la sonrisa es un elemento primordial a la hora de atender al cliente, y atención y calidad pueden ir unidas. Y si además se sienten reconocidos de alguna forma, miel sobre hojuelas, como se dice.

Por cierto que la miel sobre hojuelas la hacen deliciosa en Ayna, un pueblo de Albacete donde Dolores García Castelló tuvo su primer destino de maestra.

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