Trabajando por un futuro sin humo y sin cáncer

Trabajando por un futuro sin humo y sin cáncer
  31/05/2021

“A los 60 años, el 16% de los que han fumado desde jóvenes va a desarrollar cáncer de pulmón”

“Cuando llegamos al diagnóstico cerca del 70% de los pacientes son inoperables debido a presentar una enfermedad demasiado avanzada”

“Las personas que dejan de fumar antes de los 50 años, al llegar a los 65 años tienen un riesgo de muerte similar a las personas de su edad que nunca han fumado”

 

Dr MIGUEL ÁNGEL CISCAR, Jefe de Unidad de Neumologia. Hospital de Denia

En el último año nuestros principales esfuerzos y desvelos han estado centrados en la lucha contra la pandemia provocada por el COVID-19. Sin embargo, el coronavirus no debe desviar nuestra atención sobre enfermedades que son muy prevalentes y siguen causando mucho sufrimiento y mortalidad en la población general. La Asociación Española Contra el Cáncer quiere de nuevo aprovechar el Día mundial sin Tabaco que se celebra el próximo 31 de mayo para hacer hincapié en la relación entre tabaco y cáncer de pulmón.

El cáncer de pulmón es una de las principales causas de muerte relacionadas con el cáncer en el mundo, suponiendo el 13% de todos los casos de cáncer y el 19% de todas las muertes por esta enfermedad. Por desgracia sigue siendo una de las neoplasias de peor pronóstico, ya que no es raro que ocasionalmente curse con pocos síntomas y cuando llegamos al diagnóstico cerca del 70% de los pacientes son inoperables debido a presentar una enfermedad demasiado avanzada. Es por ello que la obsesión de los médicos que tratamos a estos enfermos es conseguir un diagnostico precoz para así mejorar el pronóstico y la supervivencia de nuestros pacientes.

Sin embargo, aun siendo esencial el diagnostico precoz en esta enfermedad, poner todos los huevos en esta cesta sería un grave error de cálculo. Y esto es debido a que el cáncer de pulmón es una de las enfermedades más evitables, ya que la mayoría de casos son secundarios al tabaquismo, por lo que la labor de prevención cobra una importancia trascendental. Ya desde antes de 1950 la información científica acumulada sobre la relación entre tabaquismo y cáncer de pulmón resulta convincente y a todas luces insoslayable. 

El potencial carcinogénico del humo del tabaco es extraordinariamente alto por la gran cantidad de sustancias toxicas que contiene y con el añadido de que no hay una cantidad mínima de cigarrillos que podamos fumar que evite el riesgo total de desarrollar la enfermedad. Estas sustancias toxicas que inhalamos en cada bocanada son capaces de provocar alteraciones moleculares y dañar nuestro ADN. A los 60 años, el 16% de los que han fumado desde jóvenes va a desarrollar cáncer de pulmón, y esto aumentaría hasta un 25% si se dan ciertos polimorfismos genéticos que explicarían la asociación de estos tumores en algunas familias.

Así las cosas, queda meridianamente claro que si queremos erradicar el cáncer de pulmón debemos luchar contra el tabaco. Esta lucha es complicada y desigual por diversos motivos. En primer lugar el tabaquismo afecta a un porcentaje muy importante de la población (casi un 25% de los mayores de 15 años) siendo un problema de salud pública de primer orden y por otro lado hay influyentes poderes económicos (la industria tabacalera) que lógicamente está interesada en perpetuar esta situación, aprovechando la adicción que la nicotina crea en los enfermos.

Para acabar de complicar las cosas, la intervención de nuestros responsables sanitarios resulta en ocasiones excesivamente cicatera. Siendo la deshabituación tabáquica una de las medidas más rentable y coste efectiva, las autoridades reconocen el problema con la boca pequeña (qué remedio) pero se dota de poco tiempo y medios humanos para intentar mejorar la atención del paciente que desea abandonar el tabaco. La creación de unidades antitabaco constituye un instrumento muy útil para abordar los aspectos físicos, farmacológicos, psicológicos y conductuales que conlleva el abandono del tabaco.

Llegados a este punto conviene resaltar algunas conclusiones. 

Lo primero puede parecer una perogrullada, pero visto lo visto en la pandemia COVID, con la abundancia de bulos y fake news no viene mal resaltarlo. Hemos de asumir lo que la evidencia científica deja bien claro, tanto en este como en otros casos: fumar provoca cáncer, y hemos de trasladar este mensaje a los más jóvenes para que no se inicien en el consumo de tabaco.

En segundo lugar, mucha gente abandona el tabaco por su propia voluntad, sin necesidad de recurrir a medicación o a visitas médicas, simplemente con el convencimiento de que está inhalando una sustancia tóxica y que ya es hora de dejarlo. De esto tenemos ejemplos a diario en nuestra consulta.

Y en tercer lugar, los sanitarios podemos ayudar en el proceloso camino de abandonar el hábito de fumar. El consejo antitabaco y la intervención mínima es barata, rápida y puede ayudar a muchos de nuestros pacientes; además tanto desde la atención primaria como desde la especializada podemos prescribir tratamientos (ahora en parte financiados por la Seguridad Social) que seguro pueden conseguir deshabituar a no pocos pacientes. 

Muchos de nuestros enfermos nos dirán: “He fumado mucho tiempo, el daño ya está hecho. Ahora para qué voy a cambiar”. Pues bien, esto tampoco es verdad. Dejar de fumar es una decisión saludable a cualquier edad y hay que recordar que las personas que dejan de fumar antes de los 50 años, al llegar a los 65 años tienen un riesgo de muerte similar a las personas de su edad que nunca han fumado.

Es por todo ello que celebramos El día Mundial sin tabaco. 

Así que ánimo, y al toro.

*Artículo remitido por la junta local de Ondara de la Asociación Española contra el Cáncer con motivo del Día Mundial sin Tabaco, el 31 de mayo.

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