Verano de perros

  22/09/2014

Guillermo_Ares_Opinion

Algunas pocas playas de nuestras costas se han dignado a acotar un espacio para perros, las llaman "playa-can", que suena muy parecido a "vaya plan".

En Gandia, por ejemplo, de las pioneras en estas locuras de avanzadas libertades sociales, alrededor de cinco mil metros cuadrados de playa con no más de ciento cincuenta metros de orilla al mar, es el espacio donde se permite pasear con perros sobre arena, pero... siempre hay un pero, con algunas condiciones:

Dentro del horario de nueve a veintiuna, sobre arena seca o húmeda los perros deberán estar atados, pudiendo estar sueltos solamente dentro del agua.

Hagamos alguna que otra comparación odiosa, las playas destinadas a humanos nudistas no tienen más límites que su perímetro incluida el agua, esto quiere decir que aquellas personas a las que el nudismo les parece una indecencia tienen que aguantarse hasta la posibilidad de roce con más de un cuerpo desnudo si hay mucha gente por la zona, o cierran los ojos o no pasan por esa playa.

En el caso de los canes, la preferencia la sigue teniendo aquel al que no le gustan los perros y en su beneficio la playa para perros sólo se queda en el nombre.

Parece otra vez que el sentido común, el conocimiento, la bajada a la calle, en este caso a la playa a ver con los propios ojos de concejal o de técnico en sabe Dios qué, sigue siendo la gran ausente.

Durante el invierno hay horas, muchas horas en las que las playas están absolutamente desiertas, es el momento en el que los propietarios de perros aprovechan para transgredir una norma absurda que podría legalizarse durante todo el año, solamente con usar eso que hay entre las orejas o tal vez darse un paseo por la playa, o mejor aún, tener perros en casa, ya que es evidente que quienes dictan esas normas jamás tuvieron uno, aunque es posible que lo tuviesen sin saber que lo tenían.

Eso sí, el domingo pasado en Gandía playa, se paseaban alegremente once caballos con sus jinetes por la orilla y dentro del agua.

La pregunta del millón es: ¿quién recoge la caquita de los caballos? No he visto a nadie con bolsitas atadas a las riendas.

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