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La Residencia de Ancianos Santa Lucía de Dénia se abre camino en la carrera por adaptarse a las nuevas rutinas y necesidades

  • La Residencia de Ancianos Santa Lucía de Dénia se abre camino en la carrera por adaptarse a las nuevas rutinas y necesidades
  • La Residencia de Ancianos Santa Lucía de Dénia se abre camino en la carrera por adaptarse a las nuevas rutinas y necesidades
  06/06/2020
Las personas asistidas son las primeras que reciben visitas mientras el centro se prepara para dar otro gran paso: volver a permitir las salidas

Las visitas de familiares, con un estricto control sanitario y de seguridad, cita previa y tiempo controlado, han empezado esta semana en la Residencia de Ancianos Santa Lucía, como en tantas otras. Hemos entrado de lleno en la desescalada y hay que adaptarse a la nueva situación. Allí lo hacen poco a poco pero sin perder el ritmo, anticipándose muchas veces a lo que va a ocurrir y velando siempre por la seguridad física y emocional de los residentes. Hacer frente a lo que se nos ha venido encima no ha sido fácil, más bien duro. La cohesión del equipo humano de la ‘resi’, como la llaman quienes están más familiarizados con ella, y su buena gestión han permitido ir sumando logros. Los regalos y sorpresas enviadas por los familiares al final de la fase 1, dominar el uso de guantes y mascarillas, recibir las primeras visitas… La lista de conquistas se irá ampliando, posiblemente la semana que viene, con la reapertura del comedor, los talleres, el uso de los espacios comunes y algún paseo por los alrededores. Será la antesala del que ha sido para muchos su mayor anhelo: bajar a Dénia.

            Plantar cara al COVID-19 ha sido “muy duro, de las situaciones más duras a las que me he enfrentado”, señala la directora de la residencia de ancianos, Eva López. “No saber a dónde vas y darte cuenta de que no teníamos una ruta ni estábamos preparados, nadie estaba preparado, la normativa iba muy por detrás… no tienes todos los medios pero sí tienes -puntualiza- una responsabilidad”. Confiesa haber sufrido mucho al principio de la pandemia, viendo además lo que estaba ocurriendo en otros lugares. El miedo a coger el virus y transmitirlo era generalizado entre todo el equipo, asegura. Si algún residente tenía fiebre, aunque fuese provocada por una dolencia distina, “lo pasábamos muy mal”. El primer día, al regresar a casa, se dio una ducha de casi 40 minutos con agua caliente, “como para que se te caiga la piel a tiras”, indica. No importaba.

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